En el concurso de acreedores no se gana nada

La verdad que el legislador podría haber elegido otro término más descriptivo y menos equívoco para referirse a este instrumento jurídico destinado a liquidar o solucionar una situación de insolvencia empresarial.

En una asamblea de trabajadores de una fábrica en la que me vi obligado a informarles de la presentación de un concurso de acreedores, viví una situación melodramática; después de que el abogado de la empresa les explicara como funcionaba el proceso y les brindáramos toda la ayuda de la empresa para que la desagradable situación fuera lo menos traumática posible, uno se levanta y pregunta extrañado qué se gana en el concurso. En el Concurso no se gana nada, se pierde. Veremos los rasgos principales que explican el procedimiento establecido por el legislador para enfrentarse a situaciones de quiebra o suspensión de pagos de una empresa.

Tratemos de definir el Concurso de Acreedores:

Procedimiento de ejecución universal que, instado por el propio deudor (sea o no sea persona jurídica) o por uno de sus acreedores, se puede ejercitar contra quien se encuentre en estado de insolvencia.

Destacamos:

  • Se presenta un concurso de acreedores cuando el deudor no puede cumplir regularmente sus obligaciones (no puede pagar a los trabajadores, tiene deudas con los organismos públicos, los proveedores no cobran sus facturas).
  • El procedimiento no tiene como fin cerrar la empresa, sino tutelar judicialmente el estado de la firma, mediante los administradores concursales; solo si no es posible dar viabilidad al proyecto se pasa a la fase de liquidación para liquidar estructuradamente las deudas según la prelación de los créditos. En la práctica, por desgracia, la mayoría de concursos terminan en liquidación, pero este no es el espíritu de la normativa.
  • Pude instarlo tanto una sociedad como una persona física. En el caso de familias que no pueden pagar su hipoteca, la presentación de un concurso no tiene mucho sentido ya que los acreedores con garantía real tienen preferencia ante los demás.
  • El estado de insolvencia puede ser actual o inminente (cuando el deudor prevé su incapacidad de cumplir con los pagos en un futuro próximo).
  • Las Administraciones no pueden ser declaradas en concurso.

Veremos en otra entrada que la ley ha creado mecanismos para que los administradores de las sociedades, si no quieren ver peligrar su patrimonio personal, insten voluntariamente el concurso de acreedores si constatan la insolvencia de la empresa que administran. En caso de que lo inste un acreedor que no cobra, el concurso deviene forzoso. Si el procedimiento termina en la liquidación de los bienes, el concurso puede acabar siendo calificado culpable (si se prueba dolo o culpa grave por parte del deudor en la generación o agravación del estado de insolvencia) o fortuito (si la insolvencia no ha sido causada por conductas culpables o dolosas).

El administrador o administradores concursales son nombrados por el juez mercantil competente y se encargan de fiscalizar las actuaciones de la empresa durante el proceso concursal. Con la última reforma se nombra un solo administrados concursal en el caso de que la estimación inicial del pasivo no supere los diez millones de euros, aplicándose un procedimiento especialmente simplificado, en aras a conseguir una mayor agilidad en el proceso. Este único concursal deberá ser abogado, auditor de cuentas, economista o titulado mercantil con una experiencia profesional efectiva de al menos cinco años.

El concurso de acreedores es una situación empresarial indeseada y traumática, tanto para la propia empresa como para sus trabajadores y resto de acreedores, que se ven inmersos en un proceso lento, triste y, en muchos casos, abocado al desastre. Deseamos que los lectores no se tengan que encontrar en esta tesitura y, de sufrirla, las cosas vayan lo mejor posible para sus intereses.

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